jueves, 26 de enero de 2012

En el año 2525

Los restos de vómito rosa fluorescente le incendian las famélicas mejillas azules mientras que las delgadas alas neón parpadean en breves luces intermitentes, como extraños focos averiados imitando estrellas enfermizas. Sus labios negros guardan los bellos dientes similares a plástico transparente que mantienen prisionera la bifurcada lengua moteada. Con el rostro convulso se mantiene pegada a las pipas que emergen similares a costillas gigantescas de la vieja planta nuclear, donde los descascarados tubos de concreto exhalan una retahíla de un ocre y denso humo, cuyas miles de partículas de metales pesados producen en ella un placer inimagible para cualquiera excepto para las hadas. Ixchel a sus escasos 250 años ya es una adicta consumada, siendo los vahos industriales su enervante predilecto.

Se encuentra tan absorta que no siente el brutal golpe de la pala de aluminio que la destroza por completo.

Radón limpia los restos de la otrora mítica carne en las suelas de las pesadas botas de caucho. A través de la máscara antigás puede ver el manchón de carne y sangre azul brillando a la luz de los chisporroteantes fogonazos en la boca de los hornos de cremación, mas allá de la pila de cadáveres biomecánicos.
Molesto por el inconveniente del pequeño ser se dedica a espantar a las criaturas que pululan por centenas las bocas de chimenea, ubicadas trescientos pisos por encima de la planta. Es su trabajo, mantener limpias las pipas y a las criaturas alejadas, siendo que a veces son tantas que abarrotan los respiraderos tapándolos por completo. Es una molestia y le provoca un tedio atroz pero ello le garantiza una dosis diaria de televisión.
 Se aleja silbando una antigua canción mientras apalea cientos de hadas que decoran el concreto con  sangre y visceras.

Es el año 2525, las hadas existen y han sido un problema desde que se talaron todos los bosques, por ello ahora pululan en una desordenada marabunta viciosa.

Radón termina su turno y toma la ficha que le da acceso ese enajenante placer de la televisión.

Fuma uno de sus apestosos cigarrillos mientras se pierde entre los laberínticos pasillos que componen la ciudad. La bruma tóxica que desciende a las calles lo envuelve en un cálido abrazo.
De nuevo la vieja melodia aparece en sus labios.

In the year 4545  
You ain't gonna need your teeth, 
won't need your eyes  
You won't find a thing to chew  
Nobody's gonna look at you

Radón nunca creyó en las hadas.

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